Viaje a Paris en tiempos de pandemia

Estoy segura que cuando comenzó el 2020 todos augurábamos un año maravilloso con muchos proyectos y luego llegó la pandemia a arruinar los planes de todos.

Algo que si tengo que decir es que a pesar de todo he sido muy afortunada durante la pandemia, que aunque estuve unos meses en ERTE (expediente de regulación temporal de empleo) pude volver a mi trabajo sin complicaciones.

Mi plan al comenzar el año era ir a Venezuela en vacaciones a visitar a mi familia y la verdad es que mantuve la esperanza casi hasta último minuto, por eso pedí trabajar todo agosto y hacer las vacaciones en Septiembre por si la cosa mejoraba, pero en Venezuela están las cosas bastante mal en cuanto al Covid y el espacio aéreo sigue cerrado para vuelos internacionales así que no iba a ser posible.

Llevaba tiempo ahorrando dinero y tenía un vale de vueling por el vuelo cancelado que tenía para mi cumpleaños, así que me dije si no puedo visitar a mi familia ¿Por qué no hacer mi sueño realidad de conocer Paris?

Desde hace años que estoy enamorada de Paris, de hecho en Venezuela estuve 1 año estudiando francés los sábados y aprendí bastante de la cultura francesa.

Revisé el precio de los vuelos y estaban muy económicos (más barato que ir a Baleares o Malaga) Además de que Francia era de los muy pocos países sin restricciones para viajeros procedentes de España (solo llenar unos formularios y ya) y habían varios hoteles muy bien de precio (tirados de precio por el covid)

Aún así no estaba muy segura sobre el viaje y justo al día siguiente me llegó a casa mi pasaporte con la prórroga que tenía más de 6 meses esperando (los que son venezolanos entenderán) y lo tomé como una señal del universo y compré los boletos (con el vale de Vueling que tenía y aún me sobraron 50€) y reservé el hotel (sin pago por adelantado y cancelación gratis)

La verdad es que intenté no emocionarme demasiado con el viaje y se lo dije a muy pocas personas, ya que con los tiempos tan cambiantes era posible que el viaje se cancelara, no exagero cuando les digo que entraba TODOS los días al Twitter del ministerio de exteriores de España para revisar que no habían cambiado las restricciones de entrada a Francia.

Por suerte, pudimos viajar sin problemas y tuvimos el privilegio de disfrutar la Paris de los parisinos, con muy pocos turistas.

Viajar en avión en tiempos de Covid

Una de las cosas que me dio tristeza fue llegar al aeropuerto y verlo tan vacío. En el aeropuerto del Prat (Barcelona) no todas las entradas están abiertas y las que lo están, están controladas, solo puedes pasar si tienes billete, es decir nada de acompañantes y como en todos lados debes ponerte gel hidroalcoholico en las manos antes de entrar y uso obligatorio de la mascarilla.

Una de las nuevas políticas de vueling (popular por sus vuelos económicos viajando solo con maleta de mano) es que debes entregar para facturar también la maleta de mano (de forma gratuita) y solo puedes viajar en cabina con bolsos que puedas colocarte entre las piernas durante el vuelo. Esto para evitar que la gente toquetee los compartimientos donde va el equipaje; lo cual debo decir que si se cumplió a rajatabla en el vuelo de Barcelona a Paris pero no en el de Paris a Barcelona.

Al entrar en el avión te entregan una toallita para desinfectarte las manos y te recuerdan que es obligatorio el uso de mascarilla en todo momento durante el vuelo. Además te entregan los formularios de requisito para entrada a Francia/ España (datos para localizarte y declaración de que no has tenido síntomas o has estado en contacto con personas confirmadas con covid-19) en caso de que no lo hayas traído.

Llegando al Aeropuerto de Orly en Paris

En el aeropuerto de Paris al que llegamos (Orly) no había ningún tipo de control, solo el habitual de inmigración, aunque si había dispensadores de gel en distintos lugares. Queríamos tomar uno de los autobuses que van al centro de la ciudad (el 1) y hacer conexión allí hasta el hotel pero la línea no estaba funcionando (nos enteramos al llegar allí), aunque debo decir que dependiendo a donde vayas y cuántas personas sean no vale la pena esta opción, ya que solo el pasaje de este autobús de conexión hasta el centro cuesta 12€ por persona y luego el ticket de metro 1,90€, casi 30€ dos personas y el taxi hasta nuestro hotel costó 32€.

Algo súper importante para tomar un taxi en este aeropuerto (llegamos a la terminal 4) es buscar a las personas con chaleco amarillo que dice taxi información, ya que ellos son los que pertenecen a las líneas oficiales y el que nos atendió hasta hablaba español, le dimos la dirección a donde íbamos y nos dijo el precio (37€), nos indicó ir en x dirección y en el camino nos comenzó a hablar otra persona y nos dijo que eran 60€ porque éramos dos personas (WTF?), mucho OJO con estos porque pertenecen a los taxis piratas, se ponen justo antes de donde se encuentran la salida de los taxis oficiales, nos regresamos a hablar con el primer tipo del chaleco y nos dijo que ellos no son los oficiales y que siguiéramos recto.

Nos toco una taxista asiática súper graciosa y amable, que no hablaba español pero si un poco de inglés, ella nos dijo que de hecho hasta el hotel eran 32€ y que los taxis oficiales son los que tienen el anuncio arriba con luz y que en las ventanas se pueden leer las tarifas. De hecho hasta nos dijo que de regreso no pidiéramos al hotel que nos llamara un taxi porque nos cobrarían un poco más y teníamos una parada de taxis a una manzana del hotel.

Sin embargo si tienen la oportunidad les recomiendo quedarse allí porque tiene una estación de metro justo en frente (Dupleix) otra a más o menos 3 calles (de otra línea) y otra estación de tren a unas 5 calles (justo la línea que va a Versailles) además el personal fue muy amable y todo estaba muy limpio.

Creo que la mejor decisión del viaje fue el hotel que escogí, cómodo y súper bien ubicado en el Boulevard de Grenelle a tan solo 12 minutos caminando De la Torre Eiffel, por si les da curiosidad se llama Hotel Relais Saint Charles y las habitaciones estaban desde 62€ (estoy segura que tirado de precio por la situación) aunque la nuestra salió un poco más cara ya que de caprichosa quise una habitación que tuviera vistas a la torre Eiffel y fue una de las razones por la que escogí el hotel.

El día que llegamos decidimos explorar El Barrio, el cual por cierto es súper encantador, tiene muchos cafés y tiendas cerca y justo por esa zona parte del metro no es subterráneo y puedes verlo pasar lo cual lo hace aún más encantador.

Llegamos cerca de medio día y teníamos hambre por lo que decidimos buscar allí cerca donde comer, como Paris es una ciudad cara es muy recomendable aprovechar los menús de medio día los llaman “formule” o los menús de “petite-déjeuner” (desayuno) para ahorrar dinero. Sergio (mi esposo) es un poco tiquismiquis con la comida así que fuimos a un sitio de hamburguesas, con un menú súper bien de precio, si no me equivoco 12,90€ hamburguesa de tu elección + patatas con bebida incluida (algunos no la incluyen) y 3€ más si querías postre.

Hay algo muy importante que debes saber cuando vayas a Paris, la comida y sobre todo la BEBIDA es muy cara, hay sitios que el precio de la comida no está mal, alrededor de lo que puede costarte aquí en Barcelona (una de las ciudades más caras de España) pero la bebida si que es mucho más cara, 4€ una Cocacola (de botella pequeña) y 6 léase SEIS EUROS nos llegaron a cobrar por una botella de agua de menos de 1 litro (y ni siquiera era un sitio fancy/ lujoso), así que nada de eso de tomarse varias bebidas mientras esperas la comida y comes si quieres ahorrar, porque la cuenta se te irá hasta el cielo.

Sin embargo, si quieres pedir agua puedes pedir agua del grifo o “carafe d’eau” que es gratis, aunque generalmente te la sirven en la mesa sin preguntarte, pero si eres delicado del estómago o tiquismiquis como Sergio que no le gusta el agua del grifo te recomiendo que vayas a algún supermercado compres allí agua y la mantengas contigo siempre, ya te digo yo que te ahorraras bastante dinero.

Justo en frente del restaurante queda la federación francesa de Fútbol (en el mismo Boulevard de Grenelle) Sergio es amante del fútbol así que después de comer entramos a la tienda, donde el dependiente nos dijo que podíamos entrar al lobby de la federación, lo cual hicimos y ¡Sorpresa! Tienen en exhibición la copa del mundo (les recuerdo que Francia quedó campeón en el último mundial) y fue muy emocionante poder verla de cerca, especialmente para Sergio.

Luego caminamos para conocer por fin la torre Eiffel, tan imponente e impresionante como la imaginé, toda la zona De la Torre está cercada (desde los atentados de hace unos años) y solo tiene un acceso en donde hay controles para entrar, tal cual como en el aeropuerto y por supuesto es obligatorio el uso de mascarilla.

Entramos para verla por debajo y averiguar los precios para subir. Vale la pena entrar aunque no subas ya que en la parte de atrás hay un jardín precioso con un pequeño lago que enmarca la torre y donde hice esta foto 👇🏽

Conociendo la torre Eiffel #sueñohechorealidad

Lo único “malo” o mejor dicho pesado, que no me gustó del viaje son los manteros/ vendedores ambulantes alrededor De la Torre Eiffel, porque algunos son Muy pero MUY pesados, llegan directamente a hablarte e intentar venderte aunque no muestres absolutamente ningún interés en lo que venden, uno incluso prácticamente nos acosó para que le compráramos, le dijimos que no varias veces y aún así insistía e insistía que nos tuvimos que mover, obvio no le compramos, no nos dejamos intimidar, pero me imagino que mucha gente por miedo lo hace.

Justo entre la torre y el río Sena (en dirección a Trocadéro) hay un carrusel súper adorable donde obvio tenía que hacer una foto.

Carrusel junto a la torre Eiffel

Allí fue donde vimos por Primavera vez el Sena, este río divide la ciudad por lo que hay muchos puentes (uno más adorable que el otro) que conectan dichos extremos.

Trocadéro es uno de los sitios más populares para hacer fotos con la torre de fondo, así que nos pasamos un buen rato allí.

La mejor parte es que comenzó a caer el sol (¡Hola Golden Hour!) y vivimos uno de los atardeceres más hermosos y soñados de mi vida, estaba un poco nublado y justo unas nubes estaban posadas detrás y a los lados De la Torre Eiffel que gracias a la golden hour se convirtieron en unas increíbles nubes entre naranjas, rosadas y moradas y una torre Eiffel también naranja/rosada, tal cual como si de un sueño se tratase 👇🏽

Seguido de este momento mágico sucedió uno muy bizarro, estábamos por irnos pero yo seguía tomando fotos a la torre con ese increíble atardecer y de pronto comienzo a escuchar botellas de vidrio cayendo, resulta que era una pelea como entre dos bandos (creemos que probablemente de vendedores ambulantes) por lo cual tuvimos que salir corriendo de allí, la verdad que si habíamos notado una vibra medio rara pero no me esperaba que eso fuese a pasar y pobres los de un grupo de chicos que estaban reunidos sentados en la grama, porque todo pasó justo al lado de ellos, yo si que estaba lejos así que no nos pasó nada, aunque tuvimos que correr un poco más ya que la pelea también se comenzó a mover y justo en la dirección en la que estábamos nosotros, por suerte no pasó a más.

Pelea en Trocadero

Después de eso decidimos volver al hotel para descansar un poco y arreglarnos para ir a cenar. No teníamos mucha hambre así que decidimos comprar comida en un McDonalds cerca del hotel (como en la mayoría de países la comida rápida suele ser más económica) nosotros lo pedimos para llevar y decidimos hacer un picnic nocturno en un puerto del Río Sena, con vistas a la réplica de la estatua de la libertad. Este plan del picnic lo recomiendo mucho si quieres ahorrar dinero y vivir una experiencia diferente, incluso si no eres de comida rápida en Paris muchos restaurantes tienen ofertas en comida para llevar y es algo común entre los parisinos.

Picnic nocturno frente al Sena

Después de comer nos acercamos a la estatua de la libertad para verla de cerca, resulta que es una réplica hecha por el mismo escultor y fue un regalo que hizo la comunidad parisina de New York a la ciudad de Paris como agradecimiento por la estatua de la libertad original, la cual por si no lo sabias fue un regalo de los franceses a Estados Unidos. Esta queda ubicada en “Île aux cignes” y es muy recomendable ir de noche porque las vistas De la Torre Eiffel encendida son impresionantes, eso si OJO con acercarse mucho a las barandas porque están llenas de arañas, y también pasan muchas ratas.

Estatua de la libertad de Paris
Torre Eiffel desde Île aux cignes
Île aux cignes

Estando allí conocimos a un Sr. Chileno que se acercó a hablarnos cuando nos escuchó hablando español, supongo que es algo que entendemos los que hemos emigrado, sobre todo cuando vives en un país que no tiene tu lengua materna te emocionas si escuchas a alguien hablando. 

Estuvimos conversando con este Sr un buen ratito mientras recorríamos “Île aux cignes”, nos contó que llevaba 18 años ya en Paris y que tenía familia en Barcelona, nos despedimos de él cuando llegamos al “Pont de Bir- Hakeim” (muy cerquita del hotel)

el Sr. se fue y cruzamos al otro extremo donde hay un mirador “la France renaissante” con vistas espectaculares del Sena y la torre Eiffel y llegando allí nos pasó una de las cosas más bizarras de todo el viaje: nos acercamos y vemos a una chica tirada en el suelo, no entendíamos que pasaba y resulta que estaba entrando con un chico dentro de la alcantarilla. Obvio quedamos como WTF??

Conté esta anécdota por Instagram y varias personas me respondieron que en Paris habían túneles, lo investigué y efectivamente se llaman catacumbas, en los años de la peste negra los cadaveres se acumulaban en Paris así que decidieron usar los túneles como una especie de cementerio para almacenar los cuerpos y evitar que más gente enfermara y de hecho se pueden visitar ya que esa parte se convirtió en una especie de museo “las catacumbas de Paris”. 

Sin embargo en la info de las catacumbas no decía nada de gente entrando por las alcantarillas y como no encontré nada en español lo investigué en francés, que también encontré poco, solo una noticia que no pude leer completa hablando de que iban a tapear una alcantarilla de X barrio porque los vecinos se quejaban del ruido que hacían los “catafilos” moviendo la tapa de la alcantarilla de noche para entrar en los túneles, lo cual está mega prohibido y si te pillan te multan.

Así que bajo este nombre los busqué, los “cataphiles” son los amateurs amantes de las catacumbas que bajan en la noche por las alcantarillas a recorrer Paris, resulta que hay más de 300km de túneles debajo de Paris (literalmente una ciudad subterránea) y la parte que se puede visitar son apenas unos 2km. Encontré un artículo de un blog entrevistando a un “catafilo” y contaba que es una especie de tradición familiar, su tío le enseñó a bajar y ya tenía 6 años haciéndolo, a mi me horrorizaba la cantidad de ratas que podía haber pero de hecho comenta que como no hay nada allí para comer, no hay animales. 

Algo muy importante que comentan en este blog es que los catafilos son ya una especie de comunidad, es decir TODOS se conocen por lo que podrías meterte en problemas si intentas bajar por tu cuenta, además de que puede ser muy peligroso (Unos chicos hace unos años entraron a las zonas prohibidas desde el museo, se perdieron y los encontraron al borde de la hipotermia)

Como no estaríamos mucho tiempo en Paris, para el resto del viaje organicé una especie de ruta, antes de viajar había marcado los puntos que quería visitar en google maps así que organicé por cercanía los puntos a visitar cada día, es muy útil ya que así pierdes el menor tiempo posible trasladándote de un sitio a otro.

El segundo día desayunamos súper bien, pedimos un menú de desayuno americano en un café justo al lado del hotel, traía huevos y bacon +croisant + pan con mantequilla y mermelada +bebida caliente + jugo, todo estaba rico especialmente el croisant y la mantequilla y la mermelada que parecían de otro mundo. Lo malo aquí fue que había una abejita rondandonos que no nos dejaba comer tranquilos.

Después de comer Comenzamos nuestra ruta del día en Champ de Mars un parque al lado De la Torre Eiffel y muy cerca del hotel, donde nos sentamos un ratito a apreciar las vistas y hacer fotos.

luego nos dirigimos hacia el puente Alexander III perdiéndonos un poquito por las calles que es una de las cosas más divertidas en Paris: cada café y cada tienda más adorable que la otra.

Compramos macarrones en una pastelería y entramos a la tiendita más encantadora que he visto en mi vida que casualmente se llamaba “le Petit Souk” donde quería llevármelo todo (aun sigo pensando en un mapa mundi que vi allí)

Luego de una buena caminata decidimos sentarnos a descansar en la grama, en la zona de “les invalides” que tiene muchas áreas verdes, donde me llamo la atención que había bastante gente a esa hora haciendo pequeños picnics (era la hora de la comida)

Descansando en les invalides

Les invalides queda al lado del puente Alexander III el segundo destino de nuestra ruta del día y probablemente el puente más fotogénico Del Río Sena, con sus bonitas farolas, estatuas y detalles en dorado y por supuesto con lindas vistas De la Torre Eiffel.

al cruzar el puente encontramos algo que me emociono y arrugo un poquito el corazón, una estatua de Simón Bolívar en su caballo (venezolano quien lideró la independencia de nuestro país) y fue un regalo a Francia de parte de los países libertados por Bolivar. 

Al lado del Pont Alexander estaba nuestro tercer destino a visitar, el Grand Palais y el Petite Palais dos edificios súper hermosos e imponentes.

Grand Palais

El Grand Palais es un lugar que alberga exposiciones y por mi parte es conocido por ser una de las ubicaciones predilectas de los desfiles de Chanel y en el Petite Palais se encuentra el museo de bellas artes de Paris.

Detrás del Petite Palais encontramos un sitio que había visto unos días atrás en Instagram, el cual no buscábamos pero que nos encantó encontrar, una escultura de un ramo gigante de flores de colores que se construyó en memoria de las personas que murieron en los atentados de Paris hace unos años.

De allí nos dirigimos hacia el siguiente punto de la ruta los jardines de Champ Elysées, donde comienza la avenida de Champ Elysées, catalogada como la avenida más hermosa de Paris, donde hay muchísimas tiendas y restaurantes, yo la compararía con Paseo de Gracia pero multiplicada por 3 porque es más grande y absolutamente todas las tiendas son mucho más WOW.

La primera tienda que entramos fue a la Adidas, una tienda muy cool, donde me sorprendieron dos cosas: una pantalla que parece que fuera una de estas pizarras de arena pero en movimiento, con imágenes relacionadas al fútbol y la Segunda es que tienen una zona donde cada día en un horario específico viene un artista que personaliza tus zapatillas recién compradas con el diseño que tu quieras.

Tienda Adidas Champ Elyseées

El siguiente punto de nuestra ruta era Galeries Lafayette, una especie de corte inglés pero de marcas de lujo como céline, off white, Acne y la que más me sorprendí de ver Jacquemus, una marca francesa que si me sigues en Instagram sabrás que es de mis favoritas, recuerdo que en Febrero hice un resumen de mis looks favoritos de la colección de invierno 20-21 “L’anné 97” así que poder apreciar las prendas de cerca fue como un sueño.

Jacquemus en Galeries Lafayette

En el último piso de la galería se encuentran las marcas de súper lujo: Gucci, Chanel, Balenciaga, Louis Vuitton, etc., lo cual también me gustó poder ver todo de cerca, porque aunque en Barcelona si que la mayoría tienen tienda, no suelo entrar, solo veo las vitrinas.

En el sótano de la galería se encuentra el area de comida, donde tienes comida fresca o empaquetada y los baños que son de súper lujo, cuando abres la puerta la luz se enciende automáticamente y se abre la tapa del vater, el asiento tiene calefaccion y hasta te limpia con agua, definitivamente otro nivel.

Macarons en Galerías La

Luego comimos algo rápido por allí cerca y nos dirigimos hacia el arco del triunfo, que queda al final de la avenida Champs-Elysées y justamente se estaba celebrando allí un evento militar que pudimos presenciar, aunque no teníamos mucha idea de que iba.

Al acabar el evento hicimos allí mi foto favorita de todo el viaje.

Desde el arco del triunfo nos dirigimos al siguiente punto de la ruta: el Moulin Rouge, esta vez si que tuvimos que tomar el metro, que por cierto es una mierda, los tíquets de transporte son caros (2,90€), más que en Barcelona (2,40€ tíquet individual) lo bueno es que tienes la opción de comprar un talonario de 10 que sale más barato que a diferencia de aquí no es una tarjeta con 10 viajes si no 10 tíquets individuales así que se pueden compartir. Además el metro es súper confuso, es muy fácil terminar en la dirección tomando el de l dirección contraria porque no hay carteles en los andenes que te verifiquen en qué dirección vas y los vagones son viejos y sin aire acondicionado.

Aunque por tema Covid el Moulin Rouge estaba cerrado llegamos justo a tiempo para poder acercarnos a la entrada y ver de cerca todos los carteles de sus espectáculos, ya que unos 10 minutos después apagaron todo y lo cerraron. Obvio aprovechamos que aún había un poco de luz del sol para hacer algunas fotos, aunque es bastante difícil pillar el fondo sin personas ni coches pasando (no me quiero imaginar lo difícil que debe ser en la época No Covid)

Como ya estaba cayendo la noche Sergio y yo decidimos quedarnos a esperar para ver el popular molino rojo con las luces encendidas, dimos una vuelta por la zona, la cual les cuento que es bastante peculiar porque todos los locales que le rodean son otros cabarets (alguno abierto por cierto) o tiendas de lencería o sexshops (en estas incluso venden poper (un disolvente que la gente utiliza para drogarse)

Decidimos sentarnos a tomar y picar algo en algún restaurant mientras se hacía de noche y uno nos llamo especialmente la atención porque había música en vivo, no lo sabíamos pero resultó ser “le chat Noir” un antiguo cabaret que ahora es restaurante y que es especialmente popular por su cartel del gato negro, yo lo recuerdo especialmente de mi libro de clases de francés y haberlo visto en algún que otro sitio como decoración.

No les puedo explicar lo especial y surrealista que fue el estar allí en ese local tan bonito, tomando una cerveza artesanal (creo que la mejor que he probado) con la música de fondo, que era justo el MOOD francés con el que soñaba, porque les cuento que antes de viajar hice una lista de reproducción con canciones francesas y/o con ese MOOD francés, una de las cosas que me quedaron de mi época del curso de Francés que sigo amando. 

Luego dimos otra vuelta por la zona para hacer fotos con el Moulin Rouge de noche y apreciar otra vez toda la zona con las luces encendidas, después de esto nos fuimos a casa a descansar porque al día siguiente nos esperaba un largo día.

El tercer día había planificado ir a conocer a Versalles, porque me encanta la peli de María Antonieta, nos levantamos a eso de las 8 nos arreglamos y salimos a desayunar en un café súper bonito cerca del hotel, donde volvimos a pedir menú de desayuno americano, todo estaba súper rico sobre todo el jugo de toronja natural (en España es muy inusual que los restaurantes tengan jugos naturales) y el camarero era súper amable.

Luego del desayuno nos dirigimos a la estación de tren que nos llevaría directo a Versalles “Champ de Mars- Tour Eiffel” muy cerca del hotel, la línea que va allí se llama “RER C” y hay que tomarlo en dirección “Versailles Château- Rive Gauche” y bajarse alli, desde Champ de Mars son aproximadamente 30 min hasta la ciudad y unos 10-12 min caminando hasta la entrada del complejo.

Entre el desayuno esperar el tren y el viaje llegamos allí alrededor de las 12, no teníamos entrada así que las compramos allí, que por cierto tuve que hacer la cola dos veces porque no te permiten pagar con el móvil y Sergio era quien tenía efectivo, compramos la entrada full access, que incluye visita al palacio, los jardines y los trianones (no recuerdo el precio exacto pero fueron alrededor de 50€ las dos entradas). Debo aclarar que la entrada a los jardines es gratuita la mayoría de los días, excepto los días que hacen los shows de las fuentes, pero realmente si vienes de tan lejos mejor visitarlo todo.

Ahora por el tema Covid debes elegir la hora en la que quieres visitar el Palacio cuando compras la entrada y en la puerta para acceder al Palacio tienen organizado para hacer fila para entrar según la hora que te toque, pero en nuestro caso apenas faltaban unos minutos para entrar así que no hicimos cola, solo para pasar el control de seguridad. 

Con la entrada viene incluida una audio guía, pero que solo funciona en el piso de arriba, debo decir que en la planta de abajo no hay nada demasiado interesante, un recibidor, un pasillo con estatuas, los baños y algunas salas con fotografías y maquetas del palacio. 

Con el recorrido se aprende muchísimo de la historia de Francia, uno de los datos más interesantes es que Versalles anteriormente solo era un pabellón de cacería, hasta que Luis XIV asumió el reinado y convirtió a Versalles en la residencia oficial y en el Palacio que conocemos hoy en día, aunque antiguamente el complejo era en superficie muchísimo más grande.

La parte de arriba es increíble, mi parte favorita fueron las ventanas del palacio porque las vistas del jardín son magníficas, de verdad que te sorprendes con tanta ostentosidad y también los techos de las habitaciones con increíbles pinturas representando los dioses romanos, para Luis XVI era muy importante salvaguardar e invertir en las artes y las ciencias (lo cual era una de las tareas de un buen rey) y por eso la cantidad de pinturas, esculturas y muebles increíbles que había en el palacio.

De las salas que más me gustaron están la habitación del rey, lo cual tiene una historia muy curiosa y es que Luis XIV permitía que cualquier persona lo visitara y le llevara una petición, siempre y cuando esa persona cumpliera con los protocolos del palacio, algo muy inusual para un Rey de esa época, que solo se dejaban ver por otros nobles o en actos oficiales. 

Por supuesto amé también la habitación de la reina, porque me encanta la peli de María Antonieta y puedes apreciar la puerta secreta por donde escapó durante la Revolución Francesa.

En la audioguia narran como el pueblo de Francia enojado llevaba días acampando fuera de Versalles y pedían la renuncia de la guardia real, por lo que el Rey envió a casa a la mayoría de la guardia y solo se quedó un grupo pequeño, los más fieles a los reyes y cuentan como el pueblo enfurecido entra a Versalles disparan a los guardias y uno de ellos entra agonizando a la habitación contigua de la de María Antonieta gritando “Salven a la reina”, confieso que me dio escalofríos escucharlo, porque está súper bien narrado, escuchas de fondo a la muchedumbre enfurecida.

En la habitación de la reina puedes apreciar que hay como dos puertas en la pared a cada lado pero la correcta que conducía al pasadizo era la de la izquierda, sin embargo ya sabemos que de poco le sirvió a María Antonieta porque tanto ella como el rey Luis XVI fueron ejecutados. 

Por supuesto otra de mis habitaciones favoritas fue “el salón de los espejos” construida por Luis XIV literalmente para “impresionar a sus invitados” ya que las alianzas era otra de las cosas muy importantes para un rey en esa época. La habitación esta llena de unas ventanas muy grandes que van a dar a los jardines y en la pared contigua está completamente cubierta de espejos cuyo objetivo era emular dichas ventanas y en mi opinión dar una gran sensación de exterior en el interior.

Era en dicho salón donde se celebraban los bailes en Versalles así que por supuesto yo tenía que bailar allí.

Las siguientes habitaciones que visitas en el recorrido ya son de la época post revolución francesa (época de Napoleón) y una de las cosas que me pareció muy interesante es que en una de ellas (la sala de la consagración) hay un cuadro de la auto coronación de Napoleón Bonaparte como emperador de Francia frente al papa en la catedral de Notre Dame de Paris, donde en la audioguia te cuentan dos cosas muy curiosas, Josefina la esposa de Napoleón fue retratada como a sus veinte años, aunque en ese momento tenía cuarenta y tantos y además agregaron en el cuadro a la madre de Napoleón quien de hecho no asistió a la autoproclamacion porque no estaba de acuerdo con ello, es decir hicieron una especie de Photoshop, jaja.

Terminamos el recorrido del Palacio en la tienda de souvenirs más grande del complejo, donde puedes comprar muchas cositas relacionadas con María Antonieta, el icono representativo de Luis XIV y de Versalles (el sol naciente), entre otras muchas cosas.

Luego decidimos comer algo rápido en uno de los cafés del complejo, justo en este tenían Promo de algo de pastelería, bebida fría y bebida caliente que estaba muy bien de precio.

Se estaba haciendo tarde así que nos dirigimos a los jardines, que son increíbles, pero donde no pasamos tanto rato como hubiera querido ya que si no nos apurábamos no nos daría tiempo de entrar a los trianones.

Una súper recomendación cuando visitan los jardines y sobretodo si van a los trianones es descargar la app de Versalles ya que allí tienes un mapa de los jardines que es súper útil, no te dejes llevar por google maps ya que a veces te dice que hagas X ruta y resulta que ese camino está cerrado y no puedes pasar tal cual como nos pasó.

En la zona del jardín cerca del palacio ofrecen los servicios de alquiler de carritos de golf para recorrer los jardines a tu gusto sin cansarte y también un trensito que te lleva a los trianones, solo que son bastante costosos, pero que son ideales si vas en grupo y/o si vas con niños, pero nosotros preferimos hacer el recorrido a pie. 

Los trianones son una parte del complejo Versalles formado por tres zonas: el gran Trianon, el petit trianon y la aldea de la reina; y era el sitio donde los reyes iban a relajarse y huir de la “formalidad del Palacio”

El más cerca del palacio es el “Grand Trianon” y fue el único al que nos dio tiempo de entrar (cierran a las 5-6) este era el sitio predilecto del rey y donde pasaba el rato con sus amantes, que la verdad me encantó porque es mucho menos ostentoso y dramático que el Palacio, pero igual muy bonito y elegante, tipo un sitio donde podrías vivir ahora mismo sin problemas, porque la mayoría de las habitaciones son exquisitas, aunque debo decir que solo se pueden visitar las de la parte de abajo.

Grand Trianon

El sitio es curioso ya que entras, visitas algunas habitaciones, luego sales como un patio central donde accedes al jardín y al otro extremo continuas con el recorrido de las habitaciones.

En este Patio central encontramos un par de chicos haciendo unas fotos de lo que parecía un shooting de moda, ambos con outfits súper cool, lo cual amé y tuve que hacerles una foto.

Fue allí en el Grand Trianon donde hicimos otra de mis fotos favoritas del viaje, yo dentro del Trianon asomada en la ventana y Sergio tomó la foto desde afuera donde se ve reflejado parte del jardín, la verdad que me sentí como una reina, jaja.

Al terminar el recorrido del Gran Trianon, dimos una vuelta por su jardín (muy bonito también) y nos dirigimos al “Petite Trianon” que son realmente varias pequeñas edificaciones, que solo pudimos ver por fuera.

El Petite Trianon fue un regalo de Luis XVI para Maria Antonieta al morir su abuelo, donde destacan una edificación en forma circular donde celebraba María Antonieta sus famosas fiestas privadas, el teatro de la reina, un pequeño teatro construido para ella donde hacía representaciones con sus invitados y allegados para entretenerse.

En este mini complejo también había un invernadero, un jardín inglés construido para Maria Antonieta (quien fue la única reina que tomó decisiones sobre construcción y decoración en Versalles) y mi parte favorita del Petit Trianon el “templo del amor” unas columnas que sostienen una cúpula, todo de mármol y en el medio una estatua de cupido, que además está rodeado por un pequeño lago, estar allí fue como estar en un sueño, como vivir dentro de una película y como casi no había gente disfrutamos mucho de él. 

De allí nos dirigimos a “La Aldea de la reina” construido exclusivamente para Maria Antonieta ya que quería sentirse como una campesina y me atrevo a decir que es uno de los lugares más espectaculares del complejo Versalles, es el epítome del cottagecore no se imaginan lo surrealista que fue estar allí casi completamente solos, me sentí dentro de un cuento, una de las casas incluso parecía la de los 7 enanitos.

Este es otro mini complejo donde María Antonieta pasaba el rato, cultivaba, tenía animales y pasaba el rato con sus hijos, ya que este sitio ella lo consideraba un lugar muy importante para su educación.

De verdad que si tengo la oportunidad de volver (Dios quiera que si) pagaría solo para poder visitarlo por dentro. Estar allí a la hora del atardecer fue una maravilla.

Ya estaba cayendo el sol y escuchamos un megáfono diciendo que teníamos que desalojar, así que nos dirigimos de regreso hacia el palacio por la misma ruta por donde habíamos llegado (atravesando los trianones) craso error porque al llegar al Gran Trianon nos dimos cuenta que estaban todos los portones cerrados, así que para no dar un gran vuelton, decidimos saltarnos un muro al lado de uno de los portones que conecta con el resto del parque, que por suerte ese zona es en bajada así que no tuvimos que trepar el muro solo saltar hacia abajo.

Allí nos encontramos con unas vistas impresionantes, un lago rodeado de patos y luego un camino rodeado de árboles enormes que se veía precioso con el atardecer.

Cuando por fin llegamos a la zona que limita el complejo Versalles con los jardines, luego de dar un par de vueltas nos dimos cuenta que ya no podíamos acceder a ellos y teníamos que salir por otro lado, rodeando toda la zona de los jardines y el palacio (el vuelton de la vida 😅) creo que no había caminado nunca tanto como ese día y por suerte no nos perdimos, porque salimos a un par de calles de la entrada del palacio.

Ya era tarde así que comimos algo rápido cerca de la estación de tren y tomamos el tren de regreso a Paris.

El Domingo al despertar y abrir la ventana de la habitación me encontré con una sorpresa, había un mercadillo justamente en frente del hotel, así que nos alistamos y bajamos a explorarlo.

Una experiencia que me encantó, porque se notaba que todos los que estaban allí eran locales y venden de toodoo, ropa, zapatos, relojes, cosas para el móvil, carnes, pescado fresco, flores, frutas y comida preparada.

Sergio y yo habíamos quedado más tarde para hacer brunch con una amiga que vive en Paris, pero no nos resistimos a probar en el mercado unos kibbes (me encanta la comida libanesa) y luego fuimos por un chocolate y un café antes de encontrarnos con Virginia de @missviirgiiinparis una amiga desde hace años de instagram.

La ruta planeada para este día comenzaba visitando el sacre coeur, así que quedamos con Virginia en esa zona, en un café para hacer un brunch en un sitio llamado “ “ súper healthy por cierto.

Luego caminamos por el barrio de Montmartre( uno de los más encantadores de Paris) donde Virginia nos sirvió de guía (ella es fotógrafa así que conoce los sitios más instagrameables) visitamos la “Maison Rose” muy popular por su bonita fachada rosa y casi en frente el cabaret más antiguo de todo Paris el “Lapin Agile” donde los artistas solían asistir a recitar poemas y canciones o debatir teorías con sus colegas.

Después nos dirigimos hacia “le consulat” otro punto muy turístico e instagrameable por su bonita fachada y les digo que no hay forma de que camines por esta zona y no te sientas como dentro de una película, porque cada elemento a tu alrededor es increíblemente adorable y encantador: los restaurantes, las tienditas, el arte callejero, absolutamente todo. Como esas cosas que ves en las pelis y piensas que no existen en la vida real.

Por supuesto no podíamos estar en Montmartre sin acercarnos al “Sacre Coeur” una de las iglesias más bonitas que he visto y al quedar en la cima de una montaña se tienen unas vistas impresionantes desde allí y la mejor parte es que entrar a la iglesia es gratis, así que Sergio y yo decidimos entrar un segundo a conocerla por dentro.

Estando allí nos percatamos de que se escuchaba como un coro cantando, nos acercamos y resulta que había una especie de procesión y eran ellos quienes cantaban, así que nos unimos a ellos a pesar de no entender casi nada, aunque fue muy bonito porque nos entregaron unas velas que encendimos mutuamente, aunque no pudimos quedarnos hasta el final ya que Virginia estaba esperándonos fuera De la Iglesia.

Dimos una vueltita más por la zona para comprar algunos souvenirs y nos despedimos ya que se estaba haciendo tarde y aún nos faltaban muchas cosas por hacer.

Virginia nos sugirió bajar por las escaleras frente al Sacre Couer, ya que abajo había un carrusel donde podíamos hacer fotos y la parada de metro estaba a un par de calles de allí y eso hicimos.

Sorpresa para mi cuando llegamos a la plaza donde estaba la parada de metro que se estaba celebrando un mercadillo de Segunda mano, ya saben cuánto amo los mercadillos y obvio quería visitar alguno allí pero no tenía tiempo para hacerlo por lo cual no planifiqué ir, sin embargo el destino me concedió el deseo.

Así que nos dimos una vuelta por la paradas del mercadillo, había de todo: ropa, joyas, muebles, libros, me sorprendió como es que en Paris todo es el doble de espectacular, había unos cuantos muebles que quería llevarme a mi casa y lo más sorprendente una parada con joyas de Chanel, Nina Ricci y otras marcas de lujo, cosas que probablemente nunca encontraré en un mercadillo en España.

Lamentablemente no compré nada, porque íbamos apurados y en este tipo de mercadillos es importante regatear para encontrar un mejor precio y tampoco tenía espacio en la maleta ya que había llevado un par de chaquetas que por cierto no necesité porque hizo bastante calor.

Luego Tomamos el metro para ir al Louvre, que aunque no tendríamos tiempo de entrar (toma prácticamente un día visitarlo) era importante para mí conocer esa impresionante estructura.

Cuando llegamos a la estación de metro del Louvre quedamos gratamente impresionados porque llegas directamente a una especie de centro comercial subterráneo donde encuentras la entrada del Museo, y hasta puedes ver la estructura piramidal de cristal en la parte de adentro.

Incluso hasta el baño allí es impresionante, tienen souvenirs como papel de water de colores y otras cosas relacionadas a los baños.

Salimos por fin hacia la superficie desde la estación/ centro comercial y viví uno de los momentos más maravillosos y surrealistas de todo el viaje, salgo a esa plaza tan bonita con esos edificios tan bonitos e impresionantes rodeando la pirámide del Louvre y escucho una chica tocando el violín una canción que parecía la banda sonara de una película y por supuesto así me sentí como en una película y no pude evitar llorar de felicidad y agradecer al universo por traerme hasta allí, a mi que vengo de una ciudad pequeñita del otro lado del planeta y que soñaba desde hace años con conocer esa magnífica ciudad.

Nos acercamos a la pirámide, estuvimos un rato allí haciendo varías fotos y vídeos y seguimos con nuestro itinerario o no nos daría tiempo de cumplir con todo lo que queríamos hacer ese día.

Nuestro siguiente destino era la torre Eiffel, para subir hasta la cima, el plan original era comprar el ticket combinado para subir hasta el primer piso por las escaleras y en ascensor hasta la cima para ver el atardecer y así poder vivir ambas experiencias (además de ser más económico), lo que nos dimos cuenta al llegar es que después de las 6 de la tarde solo se puede subir en ascensor, así que hicimos la cola para comprar las entradas (estaba un poquito larga y lenta para los tiempos COVID) y subimos hasta el primer piso en ascensor justo a tiempo para lograr nuestro objetivo de ver el atardecer desde allí.

Estar por fin en ese monumento con el que soñaba desde hace años fue muy hermoso y surrealista, no se como explicarlo pero había una energía Preciosa de la gente que también estaba allí.

Cuando cayó el sol decidimos subir a la cima, la cual tiene dos pisos, en el primero hay una info grafía súper interesante comparando en altura la Torre Eiffel con otros monumentos del mundo y en el medio hay una especie de oficina, que pertenecía a Gustavo Eiffel, donde tienen unos muñecos de cera representando la escena de cuando Tomas Edinson visitó allí mismo al Sr. Eiffel y también hay un baño para el público en caso de que tengas que ir.

la parte más alta de la cima es prácticamente solo mirador, solo hay un pequeño kiosco donde puedes comprar cava y alguna que otra cosita para disfrutar desde allí, la verdad es que yo me agobié un poquito porque es un espacio pequeño y aunque la venta de entradas a la cima si que estaba regulada y había abajo un cartel diciendo que podían agotarse por aforo, el acceso como tal a cada piso de la cima no está regulado.

Si de algo te das cuenta desde ahí es que Paris es tan espectacular de día como de noche, poder ver toda la ciudad iluminada es una total maravilla.

Cuando ya nos cansamos de admirar las vistas, tomamos el ascensor hasta el primer piso, pasamos por la tienda de souvenirs a comprar algunas cositas y allí tomamos el otro ascensor para continuar bajando, pues resulta que el ascensor paró en otro piso para recoger a un trabajador, nosotros nos bajamos y no era allí donde teníamos que hacerlo, así que nos tocó terminar de bajar por las escaleras lo cual nos pareció una linda coincidencia porque era nuestro plan inicial, vivir la experiencia de las escaleras y hasta disfrutamos de ir bajando mientras las luces de la torre titilaban, una forma muy bonita de acabar nuestra experiencia.

Estando abajo por fin, aproveché de hacerle al menos unas mil fotos a la torre Eiffel porque es verdaderamente mágica de noche.

Eran casi las 10 de la noche y comenzamos a buscar algún sitio para cenar que estuviera cerca, dimos un par de vueltas y resulta que casi todo estaba cerrado, y lo que no, era súper caro o tenía mala reputación en google maps, buscamos por globo e incluso sitios como Domino’s ya no hacia delivery a esa hora, un poco resignados nos acercamos al hotel a ver si algún local estaba aún abierto y por suerte encontramos uno italiano que cerraba a las 11, otro punto a favor del Hotel.

En el restaurante había solo otra mesa ocupada que casualmente eran también venezolanos que vivían en España, los horarios de la comida en España son súper tardes y supongo que por eso la coincidencia.

Al terminar de comer regresamos al hotel a descansar y prepararnos para nuestro regreso a Barcelona.

El último día nos lo tomamos con calma, nos acercamos a la torre Eiffel para hacer las ultimas fotos y vídeos allí, que por cierto se nos acercó una pareja francesa de jubilados que hablaban español para decirme que estaba muy guapa y que tuviéramos cuidado con nuestras cosas.

Luego desayunamos en una panadería cerca (el único croisant del viaje que no me gustó, debo decir) y después volvimos a Champ Elyseé a hacer las últimas compras de souvenirs y explorar otras tiendas a las que no habíamos entrado.

En una de esas tiendas me llevé una grata sorpresa, era una tienda de ropa que a su vez tenían una partecita donde venden chuches importadas (muy random la verdad) y conseguimos de las bolsitas pequeñas de Cheetos americanos, los de verdad verdad, los Cheetos son de mis snacks favoritos pero que ya no comía porque los de España no saben ni remotamente parecido, no tienen ese sabor a queso intenso, saben más como un Pepito (si son de Venezuela me entenderán) ya que las normas de la Unión Europea de tiene prohibido algunos de los ingredientes que llevan, así que encontrarlos me hizo muy muy feliz, porque nunca los he visto en España.

Luego volvimos al hotel por nuestras cosas y tomamos un taxi hasta el aeropuerto.

como íbamos un poco justitos de tiempo y el tráfico en Paris no es muy grato que se diga, preferimos comer algo en el aeropuerto, mala idea porque estaba casi todo cerrado incluso después que pasas el control de seguridad, solo estaban abiertos un mini súper y una cafetería donde nada tenía muy buena pinta, compramos unas magdalenas y algo de tomar y luego corrimos para embarcar el avión.

Tuve la suerte de que me tocara ventana en el avión esta vez y poder ver por última vez la Torre Eiffel desde las alturas ¡Hasta Pronto Amor Mío!

El vuelo estuvo súper tranquilo, tuvimos que rellenar de nuevo los formularios covid de entrada a España y un par de horitas después “Hola, Hola Barcelona” qué bonita te ves desde las alturas, me sorprendí a mi misma que pude reconocer desde allí mi casa y muchos otros puntos importantes de la ciudad.

Aunque fue un viaje Espectacular en todos los sentidos estaba contenta de estar de vuelta en casa, a diferencia de Francia al llegar a Cataluña si que tenían un puesto obligatorio donde te tomaban la temperatura y tenías que entregar los formularios de localización.

Regresamos a casa cansados, pelaos, pero con el corazón muy lleno y eso es lo importante, ya tengo ganas de volver.

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